Recuerdo que fue en 2009 cuando tenía 15 años. En esa
época a mi amigo Óscar y a mí nos empezó a gustar mucho la lucha libre. A
mediados del año asistimos a la Arena México, el
Templo Mayor de la Lucha Libre Mexicana, debido a que esta daría un magno evento al
que llamaron “Entre el Cielo y el Infierno”. Iban a presentarse varios encuentros,
pero la batalla estelar fue el mano a mano, cabellera
vs cabellera, entre el Negro Casas y Charly Manson, quiénes tenían una rivalidad demasiado fuerte. Yo apoyaba al Negro Casas, y Óscar, a Charly Manson; estábamos tan
seguros de nuestra elección que también apostamos nuestras cabelleras, quién
perdiera al otro día tendría que raparse.
Anunciaron a los luchadores; primero hizo su entrada Charly
Manson, acompañado de su equipo los Invasores; luego entró el Negro Casas
junto con varios luchadores del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), dándole ánimos, debido a que él era el
representante de la empresa.
La lucha comenzó y hubo mucho llaveo y contra llaveo. Charly ganó la primera caída, al rendir a su rival con una cruceta entre las
piernas. Luego, iniciando la segunda, el Negro se recuperó y pudo derribar a Charly; una vez, teniéndolo en el suelo, aplicó su llave conocida como la casita, en la cual enredó a su
contrincante llevándoselo a ras de lona; así, el réferi pudo contarle los tres
segundos para rendirlo. Finalmente llegó la tercera caída, donde la lucha se
volvió más intensa, ya que en esta se lanzaron de las cuerdas, hubo topes
suicidas, fuertes machetazos, llaves de rendición,
etcétera. Los dos gladiadores lucían
sumamente agotados, y así, nuevamente el Negro quiso aplicarle la misma maniobra, pero Charly la invirtió y pudo rendirlo con su propia llave, ganando así
el encuentro. No lo podía creer; jamás pensé que iba a perder, y para mi esa
fue la “noche triste”, puesto que al día siguiente me quedaría calvo.
Al otro día me encontré con Óscar para cumplir lo acordado,
pero él se rió y me dijo lo siguiente: “ ¡Sabes que nunca te haría algo así! Apostamos,
no lo niego, pero no voy a raparte por algo tan tonto como eso. Prefiero que tú
y yo tengamos una lucha de verdad, de hombre a hombre, y entonces poder ganarte
como se debe; sirve que así te crece más el cabello. Cuando te gane… entonces sí te raparé de verdad”. Me sentí muy aliviado, puesto que había salvado mi melena, por el momento, y claro que acepté el reto. El
duelo lo tuvimos un año después.

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