domingo, 30 de junio de 2013

Hacia el Futuro

La madrugada del 13 de noviembre de 2012 ocurrió el suceso más importante en lo que va de mi vida; ninguno otro que me haya marcado y cambiado tanto como este. Mi padre había falleció, siendo victima del cáncer. Se había ido el único hombre al que le he llegado a temer en la vida, y quién me enseñó a defenderme y luchar contra cualquier reto. La tristeza corrompía mi ser; pero a la vez, mi familia y yo nos sentíamos tranquilos, ya que él había pasado a mejor vida, y ya no sentiría más dolor. Él, en vida y enfermo, sufrió mucho; no soportábamos verlo así. Nosotros, durante el lapso de su enfermedad, lo apoyamos al máximo; persistimos durante todo el periodo porque queríamos que viviera, pero él sabía que su tumor estaba muy avanzado, y que nuestros esfuerzos serían en vano. Mi padre tomó su última  decisión: la ortotanacia—la muerte digna —en la cual, renunció a toda atención médica, y fue cuestión de pocos días para que el tiempo lo llevara hacia su destino. 
     Es una pesadilla el ver a alguien que ha estado tan cerca de ti; con quien has compartido tanto tiempo y vez que muere. Es una sensación de impotencia; lo único que puedes hacer es animarlo, y decirle con sinceridad que uno puede recuperarse si lo intenta. Quizás es ser egoísta porque quieres que lo haga, no solo por él, sino porque no quieres que se vaya. Al final, respetamos su decisión y era algo que no podíamos evitar.
      Mi padre me dejó un legado, el cual debo continuar. Aún, en el otro mundo, no ha dejado de brindarme sus enseñanzas como el ser optimista, nunca rendirme, defender mis ideales, no ser tímido ni tener miedo, ser fuerte y responsable ante cualquier situación, por más difícil que sea, y en especial: ser todo un chingón. Descubrí  que la vida no siempre es divertida. Tiene sus lados buenos y malos, y debemos luchar por alcanzar los buenos, aunque tengamos que pasar por los malos primero. Ahora que he ingresado a la universidad, se que fue un regalo de mi padre. Gracias a sus enseñanzas pude ser considerado uno de los mejores;  prueba de ello fue aprobar el examen de selección, y lo mejor de todo fue que entré, en mi primer intento, a la institución y carrera que siempre quise. Estudiar en la Universidad Autónoma Metropolitana es el mejor regalo que, solo mi padre, pudo haberme obsequiado. Ser seleccionado ha sido lo más sencillo en este proceso; ahora viene lo más difícil, lo cual es soportar, pero se que con lo que me enseñó mi viejo podré conseguirlo. Su esencia se fusionó con mí ser, y estoy listo y ansioso para los nuevos retos y rivales que vendrán en el futuro.

domingo, 23 de junio de 2013

Fusión Futura

Durante mi adolescencia (2009 a 2012) me caractericé por ser muy apático y arrogante. Pasé de ser un niño tímido y miedoso a un adolescente ególatra, narcisista, desconfiado y poco optimista. Dejé que la soberbia dominara mi persona; la apatía, mi voluntad, y la furia, mi sentido común. Esas actitudes, al principio, me beneficiaron mucho, pero poco a poco me fueron perjudicando.
     En 2012 yo tenía 18 años. Concluí el bachillerato a mediados del año, y así comencé a trabajar en una empresa llamada Kimex; esta se dedicaba a la fabricación de fibras sintéticas. Entré por recomendación de mi cuñada, Sandy, debido a que ella es jefa de Recursos Humanos de la empresa, y le fue fácil ubicarme en un puesto no muy alto, pero tampoco muy bajo; entré a la división de tela. El problema que hubo conmigo fue que no tenía experiencia laboral, por lo que era un principiante en el negocio. En mi estancia allí, conocí mucha gente de todos los ámbitos. Compañeros que se volvieron mis amigos y otros que no, pero no me quejaba. El trabajo, al principio, me fue difícil, debido a que yo era nuevo; después, con las enseñanzas de mis compañeros, pude — como ellos decían — “agarrarle la maña”; entonces, terminó siendo divertido. Mi estancia en la empresa fue agradable, puesto que aprendí muchas cosas que antes desconocía en su totalidad: rolar turnos, la puntualidad, el compromiso con la gente, las relaciones laborales, la participación en un sindicato, etcétera.

    Trabajé durante 10 meses. Mis principales objetivos eran obtener experiencia laboral, y luego estudiar una licenciatura, pero el más importante era ganarme el respeto de mi padre. Él siempre fue una persona muy estricta y directa; recuerdo que llegué a odiarlo por lo mismo, pero al mismo tiempo era justo, bromista, y sabía tratar a la gente. Siempre le tuve un gran respeto, porque él siempre se defendía como león, aparentaba no temerle a nada, ponía a la gente en su lugar y nunca se retractaba, y a pesar de todo, le veía el lado positivo a las cosas. Yo quería demostrarle que  podía soportar las madrizas que conlleva un trabajo, de las que él no me creía capaz. El doblar turnos, sacrificar mis dos días de descanso por meter tiempo extra, desvelarme y madrugar, dormir poco y aguantar mucho. Fue en ese periodo cuando comprendí muchas cosas que él intentaba explicarme, y que mi soberbia no me dejaba entender. Pero cuando al fin mi criterio se iba formando, y sabía que poco a poco estaba madurando, ocurrió una tragedia que me hizo cambiar aun más, pero esa es otra historia.

domingo, 16 de junio de 2013

Las apuestas siempre se pagan

Recuerdo que fue en 2009 cuando tenía 15 años. En esa época a mi amigo Óscar y a mí nos empezó a gustar mucho la lucha libre. A mediados del año asistimos a la Arena México, el Templo Mayor de la Lucha Libre Mexicana, debido a que esta daría un magno evento al que llamaron “Entre el Cielo y el Infierno”. Iban a presentarse varios encuentros, pero la batalla estelar fue el mano a mano, cabellera vs cabellera, entre el Negro Casas y Charly Manson, quiénes tenían una rivalidad demasiado fuerte. Yo apoyaba al Negro Casas, y Óscar, a Charly Manson; estábamos tan seguros de nuestra elección que también apostamos nuestras cabelleras, quién perdiera al otro día tendría que raparse.
Anunciaron a los luchadores; primero hizo su entrada Charly Manson, acompañado de su equipo los Invasores; luego entró el Negro Casas junto con varios luchadores del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), dándole ánimos, debido a que él era el representante de la empresa.
La lucha comenzó y hubo mucho llaveo y contra llaveo. Charly ganó la primera caída, al rendir a su rival con una cruceta entre las piernas. Luego, iniciando la segunda, el Negro se recuperó y pudo derribar a Charly; una vez, teniéndolo en el suelo, aplicó su llave conocida como la casita, en la cual enredó a su contrincante llevándoselo a ras de lona; así, el réferi pudo contarle los tres segundos para rendirlo. Finalmente llegó la tercera caída, donde la lucha se volvió más intensa, ya que en esta se lanzaron de las cuerdas, hubo topes suicidas, fuertes machetazos, llaves de rendición, etcétera. Los dos gladiadores  lucían sumamente agotados, y así, nuevamente el Negro quiso aplicarle la misma maniobra, pero Charly la invirtió y pudo rendirlo con su propia llave, ganando así el encuentro. No lo podía creer; jamás pensé que iba a perder, y para mi esa fue la “noche triste”, puesto que al día siguiente me quedaría calvo.

Al otro día me encontré con Óscar para cumplir lo acordado, pero él se rió y me dijo lo siguiente: “ ¡Sabes que nunca te haría algo así! Apostamos, no lo niego, pero no voy a raparte por algo tan tonto como eso. Prefiero que tú y yo tengamos una lucha de verdad, de hombre a hombre, y entonces poder ganarte como se debe; sirve que así te crece más el cabello. Cuando te gane… entonces  sí te raparé de verdad”. Me sentí muy aliviado, puesto que había salvado mi melena, por el momento, y claro que acepté el reto. El duelo lo tuvimos un año después.

domingo, 9 de junio de 2013

You Wanted the Best, You Got the Best! The Hottest Band in the World… Kiss!

Fue en el año 2004 cuando tenía 10 años. Mi hermano había comprado boletos para que asistiéramos al concierto del grupo de Hard Rock Kiss, el cual iba a presentarse en el Palacio de los Deportes. Kiss siempre ha sido mi banda preferida; los he escuchado desde que tenía cinco años, y mi sueño siempre había sido poder asistir a uno de sus masivos conciertos. Al fin, ese día había llegado.
     Llegamos a la arena, que estaba a reventar. Dentro del lugar, me sentía muy emocionado, ya que era la primera vez que asistía a un evento de esa magnitud.
     Pasó algo de tiempo y las masas estaban frenéticas. De repente, las luces se apagaron por completo; del escenario, cayó una manta gigantesca con el logo del grupo grabado; la multitud estalló en gritos. Nunca me había sentido tan excitado y feliz; mi corazón latía como si fuera a reventar, y todos gritábamos: "Kiss! Kiss! Kiss!". Estuvimos de esa forma por varios minutos; de pronto, se escuchó un ruido que nos hacía sentir mucho suspenso. En el momento más inesperado oímos una voz muy grave, que decía lo siguiente: “All Right, Mexico City. You Wanted the Best, You Got the Best! The Hottest Band in the World…Kiss!”. La música comenzó a sonar, al mismo tiempo que dejaban caer la manta; entonces, apareció la banda tocando la canción “Love Gun”, acompañada de muchas luces y fuegos artificiales que iluminaban todo el escenario. Ya en escena, pudimos ver a Paul Stanley, the Starchild, tocando la guitarra; Gene Simmons, the Demon, el bajo; Eric Singer, the Cat, la batería y Tommy Thayer, the Spaceman, la guitarra solista.
     La banda interpretó muchos de sus mejores éxitos. Acompañados de mucha pirotecnia, llamaradas que salían del escenario, guitarras humeantes, etcétera. Mi parte favorita del concierto fue cuando Paul, en una especie de aro, se transportó a una plataforma que estaba a la mitad de la arena, muy cerca de donde yo me encontraba. Allí, cantó “I Was Made for Lovin’ You”. Ese momento fue mágico, ya que estuve muy cerca de mi héroe, y tuve la suerte de atrapar una de las plumillas que arrojó hacia el público, la cual conservo hasta el día de hoy.
     El show terminó con las canciones “God Gave Rock and Roll to you II” y “Rock And Roll All Night”; toda la gente cantaba, la batería se elevó, se lanzaron cañonazos de confeti, Paul estrelló su guitarra contra el suelo y hubo más pirotecnia que en otras canciones.

     Eso fue a lo que le llamo el poder de la música y nunca lo olvidaré.

domingo, 2 de junio de 2013

2. Rivales

Fue en el año 2000. Yo tenía 6 años de edad y cursaba el primer año de primaria.
     Recuerdo que era un niño muy callado y distante, debido a que siembre había sido muy tímido, y sentía mucha pena de hablarle a los demás. Se me complicaba mucho entablar una a simple conversación con los demás niños; prefería permanecer callado y apartarme. Creo que esa era la razón por la que no tenía muchos amigos.
     Llevábamos la mitad del ciclo escolar y recuerdo que había un niño en mi grupo llamado Oscar; el era todo lo contrario a mi, respecto a mi forma de ser claro está. El lucía muy amigable, les hablaba a todos los niños, jugaba con todos y aparentaba no temerle a nada, pero lo que más lo distinguía entre los demás, era su gran optimismo.
     Lo más raro del asunto, es que Oscar era mi vecino y  yo casi no le hablaba, excepto cuando nuestras mamás se encontraban y se ponían a platicar. En cierto modo, el del problema era yo.
      Fue en ese año, cuando un día Oscar fue a mi casa y me invitó a jugar videojuegos en la suya; yo le pedí permiso a mi mamá y ella no se negó. Jugamos por varias horas, y recuerdo que acordamos hacer lo mismo al día siguiente. Finalmente: toda esa semana nos la pasamos igual.
     Oscar se convirtió en mi mejor amigo puesto que éramos muy similares en nuestros gustos: teníamos los mismos héroes, nos gustaban los mismos juegos, caricaturas, deportes y soñábamos con llegar a lanzarnos en paracaídas.
     Pasados varios años, esa amistad se fue fortificando día con día; lo que resultó mas característico de la nuestra fue que siempre hemos estado compitiendo en todo lo que nos gusta hacer, desde la practica de cualquier actividad, hasta los retos más absurdos que uno se pueda imaginar. Competir es algo que nos encanta hacer, ya que nos esforzamos al máximo en demostrarnos el uno al otro de lo que somos capaces. Debo reconocer que el casi siempre termina superándome, pero no me molesta, ya que el punto siempre ha sido divertirnos al máximo.
     Actualmente, poco a poco hemos ido madurando y cambiando en muchos aspectos; por ejemplo: Ahora, Oscar se ha vuelto un poco mas tímido que antes y al igual que un poco mas reservado, debido a ciertos sucesos que le han ocurrido; yo por mi lado, creo que hoy en día soy todo lo contrario a mi yo de antes, ya que, valientemente, he sabido afrontar mis miedos, y en gran parte fue gracias a el.

     Sin embargo, a pesar de todos los obstáculos y dificultades que la vida ha puesto en nuestros caminos, en esencia, seguimos siendo los mismos de hace muchos años.

domingo, 26 de mayo de 2013

1. Un Percance es una Gran Enseñanza


     Era un día por la tarde, poco antes de que oscureciera, cuando estábamos mi madre y yo en el parque. Recuerdo que tenía cuatro años de edad, y me hallaba jugando con mi auto de pedales que me había regalado mi padre, el día de mi cumpleaños. Estuvimos por varias horas jugando diversos juegos como: las escondidillas, basketball, stop y por supuesto con mi respectivo regalo. Me sentía muy feliz, ya que pasaba tiempo con mi madre. Así, pensamos en tomar un pequeño descanso antes de volver a casa, por lo que mi madre se quedó sentada en una banca, recuperando un poco de fuerzas. Yo por mi cuenta, seguí jugando con mi carrito de pedales.

     Luego de unos minutos, estuve alejándome un poco mas del lugar, donde se encontraba mi madre descansando. Bastó que ella se distrajera un poco de tiempo, atándose la agujeta de su zapato, en cuanto yo salí a toda velocidad por una bajada, que llegaba hasta la avenida. Mi madre se asustó muchísimo porque vio que perdí el control como a la mitad de la ya mencionada. No tuvo otra opción más que salir corriendo en mi auxilio, mientras que yo casi llegaba al final de la bajada. En consecuencia, terminé estrellándome en una acera que estaba en al esquina, antes de llegar a la avenida; según mi madre, tras el impacto que recibí, mi carrito se partió a la mitad,  yo salí volando, me estrellé contra el muro y caí al suelo.
     Cuando ella llegó, me notó inconsciente; apresuradamente, llamó a mi padre y llorando le pidió que viniera por nosotros. Al poco tiempo, mi padre llegó con el auto, y de inmediato me llevaron al hospital para que fuera atendido por los médicos. Estando allí, luego de varias revisiones, los médicos dijeron que solo me había lastimado mi brazo derecho, puesto que todo el impacto de la caída lo había recibido este; de ahí en fuera, todo estaba en orden.
     Luego de aquel accidente, estuve un par de días en recuperación. Finalmente puede salir y continuar con mi vida; el problema fue que: mi madre se sintió completamente culpable por este percance.

     Desde ese día, el resultado de esa experiencia  fue que mi madre me enseñara, desde muy pequeño y hasta la fecha, a ser muy precavido, y a realizar las cosas con calma y serenidad. No sabemos cuando puedan ocurrir los accidentes.